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Channel: El blog de Campo (Huesca)

La grippe

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O gripe española

A la epidemia que se propagó por España en 1918, se la conoció en nuestro país como de la grippe, mientras que en el extranjero recibió el nombre de gripe española. En la prensa se la silenció todo lo que se pudo, probablemente para no alarmar a la población. Esta noticia de Campo, solo la hemos encontrado en "El Cruzado Aragonés", de Barbastro.

"El Cruzado Aragonés", 28 de septiembre 1918. Necrológicas.

"Nuestros considerados amigos don Jesús Falcó, Ilustrado médico de Campo y su bondadosa señora doña Josefa Dolado, pasan por la dura y doble prueba de haber visto morir en una semana a sus  dos hijas Teresita y Josefina, preciosas criaturas de ocho y dos años, respectivamente, que subieron al cielo los día 17 y 24 de este mes, Constituían el encanto y embeleso no solo de sus afligidos padres, si que de las muchas relaciones con que cuentan estos en la localidad y su comarca.

La conducción de los cadáveres a la última morada y las correspondientes misas de Ángeles, se vieron concurridas de todos los vecinos, testimoniando así todas las clases sociales a los señores de Falcó el aprecio  y las simpatías de que tan merecidamente gozan entre sus convecinos.

Solo las arraigadas creencias religiosas de nuestros amigos y la seguridad de que han aumentado el sinnúmero de ángeles en el cielo, pueden mitigar el dolor en que les ha colocado trance tan amargo

En su justo péame, están seguros los buenos padres que participamos los amigos, que somos muchos, quienes pedimos al Todopoderoso les conceda la resignación necesaria para sobrellevar tan terrible desgracia" .



Ariño

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Algunos datos genealógicos de los Ariño

VILAS DE TURBÓN
Felipe Ariño, de Las Vilas del Turbón, contrajo matrimonio con Catalina Lobeliana y fueron los padres de:
Francisco Ariño Lobeliana, de Las Vilas, que se casó el 23 de abril de 1801 en Campo con Josefa Canales Rubiella, viuda y heredera de casa Rubiella, hija de Josef Canales y María Francisca Rubiella. Firmaron las capitulaciones matrimoniales ese mismo día, en Campo, ante el notario real Mariano Vinyales y Castán. 
Fallecido Francisco Ariño Lobeliana, Josefa Canales Rubiella, su viuda, volvió a casarse con Francisco Mur Ribera, de Espluga, el 23 de octubre de 1812.     
                               
Serrate

SERRATE
Hijos de Medardo Ariño y Raymunda Fortuño fueron:
1º)- Ramón Ariño Fortuño, que contrajo matrimonio tres veces:
1x- su primer matrimonio fue con Benita (o Vicenta) Castel de Espés.
2x- Después se casó con María Cereza Azcón, en Campo, el 20 de septiembre de 1832. La novia era de Belvedé. Fueron los padres de:
- Victoriana Ariño Cereza, nacida en Campo el 21 de agosto de 1833,  que falleció el 27 de octubre de 1893 a los 50 años. Se casó con Antonio Mur Canales, de Belvedé, el 27 de abril de 1853. Fueron los padres de Antonio, Generosa y Victoriana Mur Ariño.
- Ramón Ariño Cereza, nacido en 1836. En 1878 vivía en la calle del Medio, nº 1.
- Tomasa Ariño Cereza, casada en Campo el 16 de mayo de 1863 con José Canales Guillén, cucharero. El novio tenía 35 años y la novia 32.
3x- El tercer matrimonio de Ramón Ariño Fortuño fue con Josefa Mir, de Laspuña.

2º)- Antonio Ariño Fortuño se casó el 18 de enero de 1823 con Tomasa Canales Mur (nacida el 29-6-1805) en Campo. Falleció el 16 de mayo de 1854 a los 66 años. De este matrimonio nació: Antonio Ariño Canales, el 15 de junio de 1826 en Campo y casado en Serraduy, en primeras nupcias, el 31 de mayo de 1847, con Joaquina Naval Carrera. Hijos suyos fueron:
2.1) Enrique Joaquín Ariño Naval que nació en Campo el 15 de julio de 1853 y contrajo matrimonio con Antonia Canales Rivas, tras obtener el año 1882 Dispensa por parentesco en 3 y 4º grado. Un hijo suyo, Antonio Ariño Canales, se casó con María Sillés Ballarín y fueron los padres de:
- Antonio Ariño Sillés, llamado en el Reemplazo de 1903.
- María Ariño Silles,fallecida a los dos meses de edad.
- María Ariño Sillés.
- Juan Ariño Silles, fallecido a los 18 años.
- Manuela Ariño Sillés, fallecida a los 18 días de nacer.
- José Ariño Sillés, fallecido a los 22 meses.
2.2) Antonio Ariño Naval, nacido en 1850, se casó con María Silles Ballarín y fueron los padres de: Antonio, María, Juan, Manuela, José y Joaquín Arió Sillés, casi todos ellos fallecidos a corta edad.  
2.3)  Juan Ariño Naval, nacido en 1853, casado con Eulalia Ariño Garanto en primeras nupcias. Fallecida a los 40 años, Juan vuelve a contraer matrimonio con Ramona Palacín Mur, de Espluga.  Como Ramona también murió pronto, Juan volvió a casarse por tercera vez con Filomena Español Galindo.
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En el Listado de Fincas Rústicas de Campo de 1878 encontramos a:
- Antonio Ariño Canales
- Ramón Ariño Cereza

Listado de Vecinos de Campo, 1890:
- Antonio Ariño Canales, 66 años, labrador
- Ramón Ariño Cereza, 54 años, labrador
- Antonio Ariño Naval, 38 años, labrador
- Juan Ariño Naval, 35 años, labrador.

Censo Electoral de 1904, Campo:
- Antonio Ariño Naval, 53 años, habita c/ la Iglesia, nº 11, profesión albañil
- Joaquín Ariño Naval, 51 años. c/ Prior, labrador
- Juan Ariño Naval, 50 años, c/ Nueva, labrador.

Censo Electoral 1910, Campo:
- Pedro Ariño Campo, 30 años, habita c/ Prior, 9
- Juan Ariño, 51 años, c/ Nueva, nº 17
- Antonio Ariño Naval, 59 años, c/ la Iglesia, 15
- Antonio Ariño Sillés, 27 años, c/ la Iglesia, 15

Se naturalizaron en Francia:
- Laurent Ariño (Lorenzo) nacido en Campo el 20-11-1876 y naturalizado el 28-2-1928
- Ariño Galindo, del que no se da el nombre de pila, nacido el 18-9-1877 en Campo y naturalizado en Francia el 22-6-1914.
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La fiesta del árbol

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Una fiesta muy patriótica

Estaba todo el pueblo, desde las autoridades hasta el vecino más humilde; desde los niños de menor edad hasta las personas mayores; desde los que estaban satisfechos con la República recién estrenada hasta los que sentían vergüenza de hacerse una foto con la bandera tricolor en lugar de honor. En la foto se ve a los peques sosteniendo en sus manos un paquetito, que es el regalo que han recibido. Esta es la crónica que nos ofrece el corresponsal de "El Cruzado Aragonés". No siempre resulta fácil entenderla, por la farragosa prosa que utiliza, pero es un buen testimonio.

"El Cruzado Aragonés". 9 de abril, 1932. DESDE CAMPO. La Fiesta del Árbol. 



El día 5 del mes que cursa, se celebró en esta villa la fiesta del título que antecede. Son las 14 horas cuando en la Plaza "Cabobila" llega esta pequeño reportero y ve al Ayuntamiento en pleno, autoridades, judicial, eclesiástica, inspectores municipales señores Sazatornil y Blanco. De las escuelas sale con el mayor orden cada sexo del grupo escolar correspondiente, niños y niñas lucen primorosos lacitos tricolor, dos niños y dos niñas son portadores cada uno de su bandera nacional, la enseña de nuestra Patria. Profesores y niños cantan el Himno nacional. El alcalde don José Mur y sus compañeros de concejo distribuyen los árboles a cada niño y en dos hileras se dirigió la comitiva a una de las márgenes del río Ésera. Previa la venía del señor Alcalde, el señor maestro nacional don Antonio Fondevila, da orden a los niños Ignacio Nogueras, Sebastián Bellera, Antonio Ballarín Galindo, Antonio Canales Burrel, Antonio Ballarín y Jose Mª Altemir y a las niñas Resurección Boreu, Pilar Mur, Nati Lafarga y Encarnación Mur. Ambos recitaron versos propios del acto que fueron objeto de muchos aplausos. Seguidamente cantaron los Himnos al Arbol y "Al trabajo".


El maestro nacional don Roque Gella, saluda a las autoridades y público y lee unas cuartillas donde se resumen en las mismas el amor al árbol y los beneficios que reporta al agricultor, y en general a todos. Terminada la lectura de dichas cuartillas fue muy aplaudido. A continuación, el maestro señor Fondevila dirige atento y respetuoso saludo a las dignas autoridades y público, habla en nombre propio y en el de sus compañeros de profesión, agradeciendo su presencia que, con la misma, han dado un realce inusitado, como había de esperarse del culto vecindario campense. Hace su apología a la educación diciendo que no solo forma al hombre el maestro sino que deben de coadyuvar también los padres, estos y maestros son los que niños de hoy y hombres de mañana lo hacen al grado de cultura necesaria y así como lo conducen al camino del bien amar a nuestros prójimos, respecto, ser un verdadero sociólogo pero con interpretaciones erróneas, que equivocan toda la acepción gramatical, moral y material de la Libertad. Elogia comparando con lo expresado al insigne Platón y al benemérito, ilustre y sabio pedagogo de santa memoria don Andrés Manjón. Síntesis de todo su bello discurso fue un canto apológico al árbol; enseñanza y por ende la educación, primordial de conseguir una aureola para nosotros, sucesores y para nuestra amada Patria. Una lluvia de aplausos coronó su elocuente discurso. 


Ostentaba la representación del Distrito Forestal el peón guarda don Enrique Subías Campo con residencia en esta villa.
A los niños se les repartió panecillos y naranjas después de efectuada la plantación de los pequeños arbustos. 
En el capítulo de gracias, vayan muy expresivas a todas las autoridades, vecindario y en especial a los cuatro profesores, don Antonio Fondevila, don Roque Gella, doña Manuela Gil y doña Josefina Boj, por el celo que me consta han tenido e la "Fiesta del Arbol" celebrada, para quienes pido desde estas columnas de conformidad al artículo 7º. del R. D. 14 de Marzo de 1904, conste en su expediente personal de interés como mérito en su carrera; así lo espero se concederá para tan cultísimos maestros moldeadores del corazón del hombre y mujer del mañana.
El corresponsal.

La chopera junto al río       

Postal del Languedoc-Rosellón (Francia)

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¡Cómo pueden ser tan bonitas!



Hugo ha hecho estas preciosas fotos y Jose se ha encargado de hacérnoslas llegar. Gracias a los dos.





                              

   













Interlocutora monotemática

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Hablando con mi tía

Últimas noticias, informe metereológico.  Dorita al teléfono.



- Hola, Dora, ¿qué tal estás?
- Ben, pero esta chén mos farán lloquiá.
- ¿Qué pasa pues?
- Pues que hoy han tocao las campanas al Rosario y resulta qu´el feban en San Antonio.
- Hombre, pues te cae más cerca, mejor ¿no?
- ¡A que fín! ¡A que fin! si fa un frío allí que te chelas. 
- Pues no pases frío, Dora, si ves que...
- Y mañana la misa en el cementerio, allí mos chelarén tozs.
- ¿En el cementerio? Pues no te quedes todo el rato, mujer...
- Que fa muy mal tiempo, ¿aón s´a visto esto? no mos ha fecho verano y ahora ya tenín el frío aquí.
- Pues nada, Dora, a encender la estufa y quieta en casa...
- De día aún se está ben, que fa sol, pero si te posas a la sombra, te corre por la espalda un friachón...
- Bueno, Dorita, tú cuídate mucho, abrígate todo lo que puedas.
- Nada, que el tiempo está lloco y mos fará lloquiá a tozs...
- Un abrazo tía, cuídate.
(Conversación publicada en el año 2014, cuando Dorita se quejaba del frío). 

Se necesitan

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Flores e insectos














Estas fotos tan preciosas, también son de Hugo ¡Merci, Hugo! 

¡Nieve!

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         ¡Ha nevado esta noche!







¡Gracias a Roberto Laencuentra, Pili Ballarín y Pilar Castillón por dejarnos publicar sus fotos!

Los sastres

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Coser y viajar


La llegada a Campo de mucha mano de obra, que venía para trabajar en los diversos proyectos que se llevaron a cabo en la zona a lo largo de varios años, como fue la construcción de la carretera, la central eléctrica, el canal de Avellana, etc. sirvió de reclamo para la instalación de comercios, bares, casas de comidas, alquiler de habitaciones, etc. así como de personas dedicadas a diversos oficios. 

Una de las personas que tuvo la iniciativa de instalarse en nuestro pueblo fue Joaquín Barrabés Castel, un sastre de Espés. Llegó en 1905, abrió la sastrería y consiguió hacerse con un buen número de clientes, no sólo de Campo, sino de toda la comarca.

Antonio Castel Ballarín, nuestro paisano y gran estudioso de historia local, nos ofrece más información sobre el fundador de la Sastrería Castel.

Parece ser que no se limitaba a confeccionar las prendas que le pedían, sino que después, a lomos de una caballería, las repartía por todos los pueblos y aldeas. Para hacernos una idea de la dificultad de esas entregas, pensemos que uno de los recorridos que hacía era, saliendo de Campo, pasar por Viú, y luego tomar una senda, que no un camino, que serpenteaba por las montañas hasta llegar a Bielsa, Laspuña o Lafortunada.

Antonio Ballarín Galindo fue el yerno del Sr. Joaquín Castel. A los 15 años ya entró a trabajar de aprendiz, como muchos chicos del pueblo. Habitualmente había uno o dos jóvenes aprendiendo el oficio, pero alguno se tenía que quedar sin poder hacerlo, pues el Sr. Joaquín no podía tener a tantos aprendices como lo pretendían. También acudían al taller chicas, que venían a aprender el oficio de pantaloneras. Recordemos que los aprendices el primer año no cobraban nada. En el segundo, tenían derecho a la comida. Y en el tercero, ya percibían algo de paga.

Antonio Ballarín no solo atendió la demanda local, confeccionando pantalones, trajes y chaquetas, para niños y adultos, sino que también atendía los pedidos de la Benemérita. El trabajo que hizo para la Guardia Civil lo recuerda con especial orgullo porque confeccionaba los uniformes de gala, que califica de verdaderas joyas. Para ello contaba con la colaboración de unas bordadoras de Zaragoza.

Como dato informativo, Antonio ofrece algunos de los precios de la época. Por ejemplo, en 1929, un traje de estambre costaba 90 pesetas. Un pantalón de niño pequeño, 7 pesetas. Un pantalón de pana, 17 ó 18 pesetas, si era de persona mayor. Un traje de lana para la primera comunión, 28 pesetas. 

Otros sastres: El Sr. Manuel Mascaray Salinas, a principios del siglo XX, instaló un taller de sastre en la planta baja de casa Mascaray, donde después se ubicó el bar. Pasado un tiempo lo dejó, para dedicarse a la fabricación de gaseosas, hielo, gestionar el bar, el salón de baile...

Fue allí donde antes de la guerra empezó a conocer el oficio José Ballarín Mur, al que le pilló el  conflicto armado cuando apenas tenía 14 años. Y después, cuando acabó, tuvo que hacer la mili. Gracias a lo que  había aprendido, pudo seguir trabajando como sastre mientras estuvo haciendo el servicio militar.

Una vez terminadas sus obligaciones con la Patria, se fue a trabajar a Tarrasa y Barcelona, donde estuvo unos años y, finalmente decidió volver a Campo. Era en 1947 cuando abrió su propio establecimiento, donde trabajaba con su esposa Asunción Ballarín Mur. Cerró la tienda en 1983, cuando se jubiló. A lo largo de los años, varias personas, especialmente chicas que aprendían de pantaloneras, trabajaron en su sastrería. Tenía el local en la calle de la Iglesia, en la conocida casa Güel.  

También José Ballarín servía sus pedidos a domicilio, pero él atendía a la clientela con bicicleta. Con ella llegaba hasta Mediano, donde se estaba construyendo el pantano y había mucha demanda. Allí atendía a sus clientes en un conocido bar: un domingo tomaba las medidas, al  siguiente se hacían las pruebas y el domingo después ya entregaba las prendas confeccionadas. ¡Trabajaba rápido! 

Y para terminar, queremos mencionar también a Enrique Subías, que durante muchos años estuvo al frente  de su sastrería, donde atendía a la clientela y enseñaba el oficio. Un oficio con el que muchos jóvenes consiguieron una preparación profesional que les permitió ganarse la vida, en las ciudades a las que emigraron.


Una historia de Navidad

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 EL AMIGO QUE LE RESCATÓ

 DE LA NIEBLA Y EL MIEDO


Era el 23 de diciembre, de hace mucho tiempo. Mi madre, que se llamaba Victoria, siempre había celebrado su santo ese día. Era el inicio de las super fiestas en casa, pues además de Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo, el 28 de diciembre, día de los Inocentes, era el cumpleaños de yayo Juan y el 3 de enero el santo de los Danieles (había tres, mi abuelo, mi padre y mi hermano) y el 6 de enero la Epifanía y el santo de tía Dorita, Adoración. ¡Cada día una celebración!


El santo de mamá, el 23, lo celebrábamos con una comida especial, pero aquél día de aquél año mi padre tuvo que ir a Monzón por asuntos de trabajo y se decidió que retrasaríamos la fiesta a la hora de la cena. 

Toda la familia pasamos aquel día en plena efervescencia con los preparativos de última hora; mi madre con la comida, nosotros con el árbol, el belén, etc y cuando ya terminamos de hacer nuestras cosas, nos pusimos a esperar que llegara mi padre de su viaje. Normalmente volvía a las 4 o las 5 de la tarde, para que no se le hiciera muy de noche por la carretera, pero en aquella ocasión, aunque telefoneó a mediodía para decir que llegaría como siempre, resulta que se estaba retrasando... Era muy raro. Poco a poco nos fuimos poniendo nerviosos, porque los días anteriores había nevado y se decía que la carretera estaba helada.. A las 6 llamamos a Monzón y nos dijeron que había salido de allí hacia Campo después de comer. Entonces, ¿dónde se había metido? no era propio de él... ¿Se habría parado más de la cuenta con su amigo de Graus?

A las 7 más o menos, llamamos a ese amigo. Mi padre no pasaba nunca por delante de su tienda sin saludarlo, aunque fuera sin bajar del coche. Y el amigo nos dijo que por allí no había pasado, pero que no nos preocupáramos porque inmediatamente salía a buscarlo.



Fue esa decisión la que le salvó la vida. Junto con dos o tres personas más, su amigo emprendió viaje desde Graus hacia Monzón, para ver si lo encontraban averiado o con algún problema. Iban por la antigua carretera, con una niebla intensa, que no dejaba ver nada. No tuvieron que ir muy lejos, pues a pocos kilómetros de Graus les pareció ver un coche junto a un barranco. Fueron hacia allí andando como pudieron y el amigo enseguida reconoció el coche de mi padre. Con mucha dificultad pudieron rescatarlo. 

Ya eran más de las 12 cuando sonó el timbre de casa. Bajé a abrir la puerta y allí estaba mi padre acompañado por tres o cuatro personas, que lo sostenían. En aquella época no había móviles para comunicarse y como no quería que mamá lo viera en el estado en que se encontraba (para que no se impresionara) había decidido tocar el timbre, porque sabía que ella no bajaba a abrir. Iba todo ensangrentado y se había roto varios dientes. Lo llevamos a la habitación y entre varias personas lo limpiaron y atendieron. Papá lloraba, no podía hablar. Parece ser que ya habían querido llevarlo al médico antes de traerlo a Campo, pero él se había negado en redondo: quería llegar a casa cuanto antes. El médico titular de Campo se hizo cargo de él. Menos mal que entonces había personal sanitario en los pueblos.     

Pasó todas las Navidades sin comer nada, sólo podía beber caldo en un porrón, pero no faltó a una sola celebración. A veces le caían las lágrimas cuando nos miraba. Si alguien le preguntaba "¿Cómo estás Daniel?" el contestaba "Feliz". Y es que estábamos todos juntos. Gracias a su amigo.


  

Atado y bien atado

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TODO PREVISTO 


El abogado de los campesinos. Breugel el Joven

Vamos a transcribir un documento notarial de 1633. Nos parece curioso. Básicamente se trata de esto: una pareja contrae matrimonio y una de las clausulas de sus capitulaciones matrimoniales establece que si el matrimonio se deshace, el novio podrá recuperar en los plazos y modos fijados en dicho documento, lo que ha aportado en concepto de dote. Como la joven esposa fallece, su marido pide lo que le corresponde, la devolución de lo que ha aportado.

"Que yo, Juan de Cera, vecino del lugar de Navarri, así como Procurador legítimo que soy de Pedro de Cera, mi hijo, mediante poder constituido para el infraescrito de hacer y otorgar por Antonio Torrente de Campo, recibido y testificado en el lugar de Campo, en un día del mes de octubre del año próximo pasado, en dicho nombre, procurados por ciertos justos respetos a mi bien vistos, DIGO Y ME PLACE QUE:

Casa del Torrueco. Nocellas."Despoblados de Aragón"

Atendiendo y considerando que dicho mi principal contrajo matrimonio con Jerónima Bardaxín habitante en la casa de Torrueco,  como consta por capítulos matrimoniales, y haber ofrecido en socorro de su matrimonio pagar mil y seiscientos sueldos jaqueses, los cuales de separarse dicho matrimonio podríalos recobrarlos, de separado el matrimonio y como dicha Jerónima de Bardaxín murió, alegado el caso de la cobranza, POR TANTO

Digo en dicho nombre, que dichos mil y seis cientos sueldos sean tenidos y obligados pagármelos en las tandas siguientes: a saber ahora de presente once libras y media, las cuales he recibido en precio de un buey, el cual recibí en mi poder y posesión del para el día de San Miguel del año presente. Doce libras jaquesas, y en pago de estas doce libras de este año, le consigna desde luego la parte y porción de una estancia de ovejas y cabras que tiene con mº Larruy de Merli, y este ganado haya de ser estimado por dos amigos de cada parte y, después de ser apreciado dicho ganado, todo lo que montare más, lo haya de cobrar dicho Cera en primera paga para día de San Miguel del año de 1635. Otras doce libras jaquesas, en la cual dicha paga de dicho año la cantidad que dichas ovejas montaren más, dicho Cera lo haya de tomar en cuenta para el día de San Miguel del año 1636. Otras doce libras jaquesas para el día de San Miguel de dicho el año de treinta y siete. Otras doce libras jaquesas fin de pago de aquél día en un año continuo y siguiente y cumpliendo Juan Bardaxín los pactos, tandas y promesa que con la presente hace a dicho Juan de Cera, como a heredero que es de dicha Gerónima Bardaxín, prometo en dicho nombre de manteneros en dicha ...  y no faltando a dicha promesa.

Aquellas Navidades

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De hace solo unos años…



Hoy vamos a recordar las Navidades de los años 60, al fin y al cabo también forman parte de la historia (con minúscula) reciente del pueblo. Y contaré cómo la vivíamos nosotros, en casa, que es lo que sé.
Para la cena de Nochebuena nos reuníamos toda la familia y también aquellos amigos que estaban solos y no tenían con quien estar. Como el comedor de mi casa era más bien pequeño y los comensales numerosos, no había sitio para el árbol de Navidad, así es que mi madre, mujer ingeniosa donde las haya habido, ideó una decoración muy especial, espectacular y funcional. 
La lámpara del comedor era de madera, con seis u ocho brazos, no me acuerdo. De cada brazo salían dos o tres cintas de espumillón de colores que iban dirigidas cada una de ellas a un plato, encima del cual, y atado por la susodicha cinta, había un regalo. Antes de la cena, todos a la vez abríamos nuestro regalo, con gritos y aspavientos mostrándonos lo más felices posibles, aunque, Dios lo sabe, aquellos regalos no  eran un gran qué, y es que el Papá Noel se abastecía en el pueblo, y no había mucho surtido donde elegir; una botella de anís El Mono para yayo Daniel, una baraja española para yayo Juan, una botellita de colonia por aquí, unos pañuelos por allá...
Después cenábamos lo que había preparado mi madre, nada especialmente navideño, porque a mi padre no le gustaba ni el cardo (que era lo típico) ni el pescado al horno, así es que tomábamos sopa, cordero con acompañamiento, etc. y los turrones, orejones, almendras y nueces de rigor, con el vinito dulce.
A las doce menos cuarto de la noche, los jóvenes de la familia nos abrigábamos bien y nos íbamos a la misa del Gallo. Y al salir de la misa, después de haber adorado al Niño y cantado el "Ro mi niño, ro", "Entre las tablas la nieve caía",  etc. pues nos acercábamos por casa para dar un beso a los padres y demás familiares y amigos que seguían en animada tertulia. Luego, íbamos a la plaza a calentarnos a la fogata, y a reírnos de cualquier cosa con los amigos. 
El día de Navidad volvíamos a ir a misa, porque era muy bonita y además así podíamos comulgar (con la cena de Nochebuena no habíamos respetado el ayuno necesario para poder comulgar en la misa del Gallo). Además, todo hay que decirlo, era buen momento para arreglarse lo mejor posible, ver a "todo el mundo" y disfrutar del ambiente festivo.
A continuación se iba a tomar el vermut con los amigos y después se hacía la comida con la familia. La sobremesa no era muy larga, porque creo que era a las 5 cuando comenzaba la sesión de cine, y había que llegar pronto para pillar buen sitio. De eso nos encargábamos la "juventud" de la casa, pues éramos los primeros en llegar, apoderarnos de las butacas que estaban libres, sentarnos y repartir prendas de abrigo a diestro y siniestro sobre los asientos, para que se supiera que estaban reservados y esperar allí, defendiendo la posesión, hasta que llegaran nuestros padres, tíos, etc. que se acomodaban mientras salíamos pitando a coger sitio para nosotros, en los bancos de madera que estaban delante de todo...  No era una operación fácil. ¿Cuál era el criterio que se tenía en consideración para saber si habíamos hecho bien nuestro encargo? desde luego, no era si las butacas estaban cerca o lejos de la pantalla o del altavoz del sonido, o en medio o al principio de la fila, sino que lo que se valoraba era la distancia que había entre el asiento y la estufa, pues solo había una para todo el local (pero que una! ¡parecía una locomotora!) y la felicidad de aquella tarde podía depender de si te llegaba su cálido aliento o no.

Terminada la película, y mientras los responsables del cine retiraban las butacas de madera y preparaban la pista de baile, nosotros íbamos a toda velocidad a casa a merendar, darnos un retoque y a volver al salón, donde empezaba la sesión de baile con orquesta, hasta la hora de cenar. Luego, se repetía la jugada: casa, cena, retoque y vuelta al baile, hasta las 2 ó las 3 de la mañana, pues nos marchábamos prácticamente todas las amigas juntas, lo más tarde posible.
¡Cómo se añora aquél buen ambiente y aquella animación, compartiendo todos aquellos buenos momentos en familia!   
En medio de tanto jolgorio y fiesta, la gente de Campo no olvidaba a los vecinos que no tenían muchos motivos de celebración y, con discreción y generosidad, se establecía un tráfico de platos con algunos canelones, un poco de gallina, tres o cuatro huevos, algún dulce hecho en casa, una botellita de vino rancio, etc. que eran recibidos con reconocimiento y cariño por los que lo necesitaban, con el mismo afecto que se les había ofrecido. Costumbres de pueblo. 


Felicitación

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Joaquín Canales

¿No notas nada especial cuando miras este dibujo? Sí, seguro que te pasa como a mi, que cuando lo contemplo siento el calorcillo de la fogata en las mejillas y me sube muchos grados la temperatura del  cuerpo.
Además de envolverte a ti y a mi, esa atmósfera cálida y festiva aún se va más lejos, tan lejos como haga falta, para estar allí donde se encuentre alguien de Campo. No importa que haya restricciones de movilidad perimetrales en el municipio o en la comarca:  los recuerdos que a todos nos trae el humo de estos torcidos troncos quemándose, atraviesan barreras, controles y perímetros de seguridad. Y hasta oímos, junto al crepitar de las llamas, las voces de los que amamos. 
Sin limitaciones en el número de familiares y allegados, la luz de la hoguera nos ilumina por dentro, y en el reflejo de las llamas nos encontramos, otra vez, juntos, todos los de Campo, el PUEBLO ENTERO.
(Eso sí, Joaquín les ha puesto mascarillas a los personajes de su bonito dibujo, por si acaso...).





Esta noche es Nochebuena

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¡Y mañana NAVIDAD!










Gracias de todo corazón por las fotos a Pili Ballarín, Jaime Mur y Celia Miranda. ¡Gracias!



Más nieve

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¡Y VIENE MÁS NIEVE!













Mil gracias a Maribel, Carmen, Roberto, Miguel, Jaime, Alberto y Pilar, que nos dejan compartir sus fotos con todos nuestros seguidores. Un abrazo a todos.  


Para felicitar el Nuevo Año

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 Las “llulletas”


Cuando el Papá Noel todavía no pasaba por Campo, y los Reyes Magos llegaban con una carga de regalos muy muy ligera, porque entonces no eran tiempos de grandes abundancias, había un día durante las fiestas navideñas en las que casi todos los niños del pueblo recibían algún obsequio: era el día de Año Nuevo. 

Efectivamente, ese día, antes de la misa se iba a casa de los padrinos de bautismo para felicitarles el nuevo año, y la madrina, para agradecer la visita, le regalaba a su ahijado o ahijada unas llulletas. Normalmente, éstas consistían en frutas, como castañas, naranjas, manzanas o mandarinas y, eventualmente, algunos dulces, como chocolate, turrón, peladillas o unos caramelos. Había algunos niños que recibían también alguna zarpadeta de orejones o higos secos de casa. Ni que decir tiene que los niños se lo comían todo el mismo día. Dependiendo de las casas y de las posibilidades de cada madrina, éstas ofrecían a sus ahijados los obsequios, más o menos abundantes y mejor o peor presentados. Había algunas que se limitaban a poner las llulletas en los bolsillos de los pantalones o en los del abrigo de las criaturas, pero no faltaban otras que las presentaban en un canastico o una cestica primorosamente preparados para la ocasión, con su pañito de ganchillo o bordado. Es curioso pensar que, al fin y al cabo, los niños de Campo disfrutábamos con lo mismo que lo hacían los del Norte de Europa: con naranjas y dulces. A los holandeses, belgas y alemanes, era San Nicolás quien les repartía (y reparte) las frutas y las golosinas, mientras que en Campo era la madrina quien las regalaba. Ambas fiestas eran muy diferentes, pero lo que ilusionaba a los niños era lo mismo... Y como los buenos momentos hay que procurar repetirlos, aquí queda el dicho:

 “Llulletas de cabo de año... ¡de hoy en un año!”




Feliz 2021

Felicidades

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¡¡¡Felicidades para todos!!!


Hoy queremos celebrar que hemos llegado a las 250.000 visitas. No son las 900.000 que estamos a punto de alcanzar en PROCOLECCIONISMO, pero nos hacen mucha ilusión. 

Gracias a todos los que os asomáis a nuestro blog casero, a los que nos enviáis fotografías, a los que nos informáis de la actualidad del pueblo. Gracias a todos por acompañarnos y darnos apoyo.

 


Fundación de Campo

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Carta de Población, 1297

 


1º). Nos han hecho un gran regalo. Se trata nada más y nada menos que de la Carta de Población de nuestro pueblo, otorgada en 1297 por el abad del Monasterio de San Victorián. Nos la ha proporcionado Santiago Ricarte Fillola, que se topó con ella leyendo una tesis doctoral sobre Ribagorza, tema en el que es un experto. La rica información que la lectura de dicho documento nos ofrece, la iremos analizando en pequeños comentarios, para ajustarnos a la estructura de este medio.

2ª). Me pareció justo transmitirle al autor de dicha Tesis, Guillermo Tomás Faci que estábamos emocionados al conocer la mencionada Carta de Población. Y, persona amable donde las haya, nos ha contestado que él está muy contento de que nos sea útil. Además, nos ha llenado de orgullo diciéndonos que ya conocía el blog y lo visitaba de tanto en tanto. Queremos dejar claro, que toda la información que ofrecemos a continuación, proviene del trabajo del Sr. Guillermo Tomás Faci. 

Introducción hecha, después de dejar constancia de nuestro agradecimiento a los dos benefactores, pasemos a abordar el primer tema sobre dicho documento:


1.- ¿Se  fundó Campo en 1297?

Parece evidente que no, pues según se desprende de la mencionada Carta de Población de Campo, lo que se quiso  entonces no fue crear de la nada un núcleo poblacional, si no que, partiendo de aquél que se había formado espontáneamente, se pretendió establecer una nueva sociedad, en un marco físico y con una estructura social diferentes. Se trataba de brindar un lugar donde vivir y trabajar a un número importante de pobladores.


Y ¿qué es lo que había antes de la Carta de Población en el llamado Valle Axenis o Bardaxín, actual término de Campo? Pues existían dos centros de poder importantes: la Iglesia de Santa María de Campos y el Castillo de Sin, además de una pequeña "comunidad de valle", como tantas otras de las que se asentaron en el Norte peninsular cristiano.

De estos dos centros de poder, podemos decir que la Iglesia ya fue fundada por el obispo de Roda en el año 959 y dedicada a Santa María, San Miguel y San Vicente. Aparece regularmente en los textos con el nombre de Santa María del Campos. En el año 1295 pasó a ser iglesia parroquial y tenía como sufragáneas las iglesias de Santa Muera, Espluga y Biescras. 

Por lo que se refiere al Castillo de Sin, llamado Castro Xino, estaba situado a poco menos de 900 metros de altura, sobre un promontorio que dominaba el valle. Aunque originariamente pudo ser concebido como centro de poder público, en el siglo XI ya lo ocupaba un señor feudal, que tomó como apellido el nombre del valle. Con él vivían los castlanes, vasallos armados que  tenían como misión recoger los impuestos que los campesinos de las pequeñas comunidades debían pagar a su señor. Eran unas seis familias y constituían el poder dominante.


Los campesinos se asentaban, con la excepción de Campo que estaba en el llano, en numerosas aldeas de pequeñas dimensiones ubicadas en lo alto de montículos, como Belvedé, Santa Muera, Aguascaldas, Llert, etc. Muchos de esos núcleos han desaparecido en la actualidad.


Fuente: Guillermo Tomás Faci, Tesis doctoral. Fotografías gentileza de Angel Huguet Ascaso.

Una sociedad "cosmopolita"

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2. ¿Quiénes fueron los pobladores?


              

Con la misma fecha de la Carta Puebla del 2 de abril de 1297, el abad Bernardo de San Victorián redactaba otro documento en el que se establecían las directrices que se debían seguir para fundar una nueva villa en el término de Campo, sobre el núcleo poblacional ya existente. Y, además, hacía un llamamiento para instalarse en la nueva localidad a todos aquellos que habitaban en el entorno. Para subvenir a sus necesidades y dar un medio de vida a esa población que iba a instalarse en el nuevo núcleo poblacional, se procedía al reparto del territorio. La cantidad de caputmansis que se pretendía crear (caputmanso era el conjunto de explotación agrícola formado por  la casa y la tierra) se fijaba en doscientos, lo que suponía un número importante de habitantes.Cada poblador, recibiría una parcela en el pueblo y un lote de tierra en el entorno.


No se pretendió en ningún momento borrar las desigualdades sociales existentes, así es que se pactó con los castlanes del castillo la manera de mantener su estatus dentro de la nueva jerarquía social: ellos, a cambio de obtener parcelas urbanas y agrícolas en la nueva localidad, conservar el alodio asociado al castillo de Sin y poder vender libremente las parcelas que lo constituían sin pagar nada al abad, además de otros privilegios,  aceptaban el nuevo reparto de tierras y los monopolios del monasterio.


Además de las concesiones a los castlanes, en la Carta de Puebla se hacía hincapié en los privilegios que iban a gozar la totalidad de los nuevos moradores del pueblo. Entre otras cosas, se ofrecía una larga lista de impuestos de los que estarían exentos todos los que se instalaran en la nueva localidad. Hay que precisar, de todos modos, que en la larga enumeración se mencionan algunas cargas que ya no estaban vigentes, incluso se enumeraba varias veces la misma con distinto nombre, pero es que de lo que se trataba era de que pareciera una oferta atractiva e incentivara la llegada de nuevos pobladores, ya que no eran fácil en aquella época conseguir los habitantes necesarios para ocupar las 200 casas que se ofertaban. 

Hay que señalar también, que aparte de los beneficios económicos, resultaba igual de atractivo para los campesinos el hecho de liberarse de ciertas exigencias señoriales que pesaban sobre ellos, como ahorrarse los servicios de hueste y cabalgada, supresión de la pecha, cuestia y novena, cenas y albergues, y lezdas y tributos que pesaban sobre las transacciones comerciales, que se eliminaban para favorecer la actividad comercial en la villa. En fin, los campesinos no llegaban a poder equipararse a los hidalgos, pero en algunos aspectos podían considerarse privilegiados. Que es de lo que se trataba. 

Benedictinos

En la Carta Puebla se recogían las firmas de un número importante de nuevos moradores. Casi todos los firmantes se identificaban con el nombre propio y el lugar de procedencia. No podía ser de otra manera porque,  bien sabemos que la fijación de los apellidos no tuvo lugar hasta después del Concilio de Trento (siglo XVI). Por otra parte, muchos de los apellidos se formaron precisamente así, por la utilización de los topónimos. Entre los nombres de lugares y personas que encontramos en la larga lista, mencionaremos a:

Juan de Espluga de Navarri, Miguel de Pociello, E. de Arán, Alegre hijo de Espluga, Doménico de las Eras, Pedro de Aguilar, Juan de Espluga, Domingo de Ballovar, Domingo de Piniello, Guillermo de Roda, Bernardo de Arán, Bartolomé de Villar, Domingo de Pano de Espluga, Pedro Serra, Domingo Ontiéza, Bartolomé de Podio y su hijo Pedro, Juan de Villar, E. Sancho,  Juan de Solanilla, Pedro de Mur, Bartolomé de Villas, Mateo de Navarri, Bernardo de la Porta, Juan de Ciresa, E. San Martín, Lorenzo hijo de Juan de Espluga, Juan de Pedro de Juan Gallart, Jacobo de Villar,  García del Plano, Domingo del Plano, Jacobo de la Serra, Donot de Liena, Policarpio de Senz, García del Plano, Edmundo de Villaplana, Domingo de Liri de Ciallas, Guillermo Ferrrer, Bernardo de la Almunia, Domingo de la Almunia, Juan de Liri, Andrés de Illa Murria, Pedro Pueyo Domingo de Bastaras, Bernardo de Mora, Raymundo de Esterún, Tomás de Bacamorta, Dulce hija de María San Martín...

En fin, unos orígenes bien variados para los fundadores de Campo,  que seguro que habrán dejado su impronta en la identidad del pueblo recién fundado y en el modo de ser de nuestros ancestros.

Fuente: Tesis doctoral de Guillermo Tomás Faci. Fotografías del Monasterio de San Victorián, gentileza de Jose Murciano.  


El trazado de Campo

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3.- Demasiado perfecto para ser espontáneo…

Campo desde Castell de Sin. Angel Huguet

Campo. Angel Huguet

El pueblo se encuentra situado en un valle, a algunos metros de altura sobre el cauce del Esera,  y ligeramente apartado del río, con lo que se pone a salvo de crecidas e inundaciones. Se encuentra emplazado al lado de un barranco, llamado de San Miguel, de donde obtiene el suministro de agua para consumo doméstico, riego, etc. 

Recorriendo las calles del pueblo, o contemplando su plano, se percibe que tanta simetría y coincidencia no puede ser obra del azar. Examinémoslo.


Plano de Campo. M. J. Fuster

Empecemos, por ejemplo,

Campo visto desde un dron. Carlos Rozas

Conforman el pueblo tres largas calles paralela, dirección E. a O.  (1: calle de  la Iglesia. 2: la Plaza, la calle Prior, desde la Plaza a Cabovila, y la calle del Medio, en el sentido opuesto. 3: calle del Vallo, desde la calle San Antonio a Cabovila, y calle de Nueva, desde la calle San Antonio hasta el final, en el otro sentido). Esas calles están cortadas perpendicularmente por  la calle San Antonio.

Las viviendas presentan, o presentaban (porque actualmente han sufrido modificaciones), algunas peculiaridades según la ubicación:

- Calle la Iglesia: Bajando de la iglesia, a mano izquierda, las casas estaban abiertas al barranco.

- En la Plaza,  todas las casas  disponían de una salida por la parte de atrás, ya fuera a la calle de la Iglesia o la calle el Vallo. En uno de los lados hay una hilera de porches que permitiría facilitar el comercio en días de mal tiempo. 

- En la Calle del Vallo: las casas del lado izquierdo, bajando desde Cabovila, tenían una parcelita detrás, como si fuera un jardín en una urbanización moderna, y que dedicaban a huerto.

El pueblo presentaba una estructura cerrada, que le confería la función de una fortificación. Sólo había dos puntos para entrar y salir del pueblo: en una de esas entradas se levantó una ermita dedicada al patrón de los animales, San Antón, y la otra se puso bajo la advocación de San Sebastián que protegía a las personas de la peste y otras epidemias.



Había dos abrevaderos, uno en la plaza Cabovila, y otro en el otro extremo del pueblo, cerca de la rampa.

Extramuros se encontraban situados un conjunto de pajares, que normalmente constaban de dos pisos, en el inferior se criaba el cerdo que cada familia tenía, y el piso superior servía para almacenar la paja. Esta zona recibió el nombre de los Pallerez.

Según Guillermo Tomás Faci, parece evidente que la configuración del nuevo núcleo de población, reflejaba la  estructura social que se estaba formando. Así, es lógico pensar, que los pobladores más poderosos ocuparan el mejor lugar del pueblo, que no era otro que la Plaza Mayor. Allí se instalaron los Aventín, Altemir, Mur y algún vecino más (curiosamente "sus casas" son conocidas por el apellido). Y, aunque sea una simplificación, pues siempre hay excepciones, diremos que, curiosamente, el resto de las casas se ha conocido habitualmente por un nombre de mujer, como Casa Manuela, Casa Mercedes, Casa Catalina o Casa Pepeta Catalina, casa Vitoria, casa Jacinta, casa Filomena, casa Rafela,  o por el oficio: Casa Calderero, Casa del Alpargatero, casa el Barbero, casa el Cestero, el Molinero, el Maestro...

Campo. M. J. Fuster

Aparte del reparto de la parcela en el pueblo, también se procedió a una reparcelación general en el territorio en torno a el, dedicado a los cultivos, con el fin de obtener lotes de tamaño similar.  Según Guillermo Tomás, este plan se llevó a término entre los ríos Ésera y Rialbo, en una superficie aproximada de 50 hectáreas. Se puede constatar la planificación que se siguió, por el hecho de que los lindes de ese espacio dedicado a tierras de cultivo, son paralelos o perpendiculares a las calles del pueblo, y que el camino que lleva a ellos, y desde el que se organiza su distribución, sale de la calle San Antonio, prolongándose por el llamado camino del Pllano, o camino el Llano. 

 

Heraldo de Aragón

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¡Somos extraordinarios!     

Hoy, 8 de enero, el "Heraldo de Aragón", ha publicado en "Aragón Extraordinario" un artículo de Angel Gayúbar sobre Campo, donde se ha ocupado, con interés y buen criterio, de:

- el Museo de Juegos Tradicionales, con una entrevista a Fernando Maestro; 

- una descripción detallada de nuestro pueblo y su problemática actual;

-  un recorrido por las actividades deportivas que se pueden llevar a cabo en Campo y

-  ¡de nuestra super Colección de Hueveras! 



¡Gracias por el artículo!


Temperatura bajo cero

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Y el hielo sobre todo lo demás



Campo, 8 de enero por la mañana





Esta mañana el termómetro de la farmacia daba la temperatura de 
- 10º. Vamos, ¡que estaba todo chelao!

Fotos gentileza de Jaime Mur

Más nieve en Campo

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¡Que no solo nieva en Madrid!









Fotos de hoy mismo, 9 de enero, gentileza de Virginia Fuster (las cuatro primeras) y de Pilar Castillo (las 4 siguientes). ¡Gracias!

Nieve por todas partes

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Hasta donde hubo fuego,

ahora hay nieve.          








(Las cinco primeras fotos son gentileza de Maribel Sesé, la 6ª y la 7ª de Maria Pilar Ballarín y la 8ª de Mari Carmen Martí. ¡Mil gracias!)


Los santos barbudos

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San Antón, patrón de los animales


San Antonio Abad es uno de los tres santos, llamados los "barbudos" que celebra su fiesta esta semana. La conmemoración de San Pablo tiene lugar hoy, día 15 de enero; la de San Mauro el 16, es decir, mañana, y la de San Antonio el 17.

En Campo se le dedicó una ermita a San Antonio Abad que, con alguna modificación, todavía se encuentra en la entrada sur del pueblo. Y es que, antiguamente, en su fachada se apoyaba un gran arco que cubría totalmente la vía pública. En el lado opuesto a la fachada de la ermita, había un gran banco de piedra, el pedrizo. Los niños se refugiaban allí, debajo del arco, cuando llovía.

Las coplillas del rosario de la aurora dedicadas al santo dicen así:

"De desgracias los fieles cristianos

Antonio, gran santo, dignaos librar,

ya ves cómo esta cristiana villa

 te honra en esta día

con solemnidad.

Hay que gracia que alcanza del Cielo

el cristiano pueblo, San Antonio Abad,

que por amor a Jesús querido,

se apartó del siglo a la soledad."


Según nos cuenta Antonio Castel en su libro "Devociones y actos litúrgicos de Campo (Huesca). Tomo 1",  la celebración de la fiesta de San Antonio, el día 15 de enero, en realidad ya comenzaba el día anterior por la tarde, con el rezo del santo rosario en la ermita del santo.  Para la ocasión, la imagen del santo era profusamente adornada con flores por las vecinas de la calle San Antonio.

Lloviera, nevara o hiciera sol, a las doce de la mañana del día 17, se organizaba la procesión con la imagen del Santo desde la ermita hasta la iglesia parroquial, donde se celebraba la misa. Allí se quedaba la imagen durante una semana.
Después de la misa, unos niños con capazos o canastas y acompañados por una persona del Ayuntamiento, pasaban por todo el pueblo, casa por casa, para pedir la colaboración de los vecinos. Y estos respondían con lo que tenían a disposición, ya fuera unas longanizas, tortas, botellas de vino, licores, frutos secos, ropas, etc.
Después de comer, ya por la tarde, se procedía a la subasta en la Plaza Mayor, que era muy concurrida, especialmente de hombres y niños, que venían incluso de los pueblos vecinos. Y es que se le tenía mucha devoción al santo, no en vano era el patrón de los animales, base de la subsistencia, junto con la agricultura, de nuestros pueblos.  Lo recaudado en la subasta era destinado al mantenimiento de la ermita.
  
Arco de San Antonio. Dorita Brunet en bicicleta